¿Quién crea el sufrimiento?
Empecemos por el principio: entendiendo la palabra.
El término sufrimiento proviene del latín sufferre, que combina el prefijo sub- (debajo) con el verbo ferre (llevar, soportar). Originalmente significaba "llevar por debajo", es decir, soportar algo de forma silenciosa, interna, disimulada.
¿Pero por qué, como seres humanos, sentimos la necesidad de ocultar o disimular lo que nos duele?
La respuesta tiene mucho que ver con la idea distorsionada que la sociedad nos ha vendido sobre la valentía. También del latín, la palabra valentía deriva del verbo valere, que significa "tener fuerza, salud, vigor". Sin embargo, hoy se nos enseña que ser valientes significa reprimir, resistir, aguantar sin mostrar debilidad. Y si no lo logramos, entonces nos sentimos defectuosos, insuficientes, débiles.
Pero esta visión es limitada. Ser valiente no es lo mismo que negar lo que sentimos. Si viviéramos en tiempos antiguos, enfrentarnos a un depredador sin estrategia sería un acto de estupidez, no de valentía. La verdadera valentía es tener la fuerza para tomar decisiones conscientes, incluso si esas decisiones implican reconocer nuestro dolor y permitirnos sentirlo.
El sufrimiento se intensifica cuando se esconde
Volviendo al sufrimiento: ese estado interno que ocultamos por miedo al juicio, por necesidad de encajar, por presión social. Nos dicen que debemos "superarlo", "ser fuertes", "salir adelante", pero pocas veces nos enseñan a escuchar lo que el sufrimiento nos quiere decir.
Vivimos en una sociedad donde se aplaude la felicidad en redes sociales, pero se ignoran las tristezas en la vida real. Donde se sonríe para la cámara, pero por dentro reina una soledad profunda. Podemos tener éxito, dinero, viajes, lujos... y aun así sentirnos vacíos. Tan vacíos emocionalmente que cambiaríamos todo por un poco de paz mental.
Y es que el sufrimiento no es algo que “viene de afuera” —lo crea y lo alimenta nuestra mente, especialmente cuando intentamos forzarnos a encajar en moldes ajenos. Nos convencemos de que debemos sufrir para ser merecedores, para ser aceptados, para pertenecer. Pero la verdad es otra: no tienes que encajar en nada ni en nadie.
Eres único/a. Tus emociones, tu dolor, tu sufrimiento merecen ser escuchados, no silenciados. Deben salir a la luz, oxigenarse, hablar, transformarse. No para regodearnos en ellos, sino para entenderlos, abrazarlos y liberar su energía atrapada.
¿Qué pasaría si dejaras de ocultarlo?
No se trata de aceptar el sufrimiento porque “nos toca”. Se trata de reconocerlo con amor y sin culpa. De preguntarnos:
¿Qué me quiere mostrar este dolor?
¿Qué parte de mí necesita atención?
Cuando dejamos de esconderlo, el sufrimiento pierde poder. Ya no es una sombra oculta que nos consume desde dentro, sino una emoción legítima que puede enseñarnos, guiarnos, incluso liberarnos.
Ser valiente es elegir mirarte de verdad
La verdadera valentía no es imponerte sonrisas falsas ni anestesiarte con placeres momentáneos. La verdadera valentía es tomar la decisión de mirar hacia adentro, de sacar a la luz cada rincón de tu historia, tus heridas, tus miedos. Y hacerlo con respeto, con compasión, sin vergüenza.
Porque, al final, cuando la vida llegue a su punto de cierre —y todos llegaremos allí—, lo único que realmente importará es si viviste desde tu verdad, o si simplemente seguiste el guión de una sociedad que nunca supo lo que era realmente vivir.
Hoy te invito a dar un paso
Tómate un momento ahora.
Haz tres respiraciones profundas.
Siente tu cuerpo.
Y pregúntate:
¿Qué parte de mí está sufriendo en silencio?
¿Qué necesita espacio, atención, escucha?
Dale voz. Escríbelo. Dilo en voz alta. Compártelo con alguien.
Y si sientes que necesitas ser escuchado/a, escríbenos.
Estaremos aquí para acompañarte —sin juicio, sin recetas mágicas— simplemente con presencia y escucha auténtica.
Recuerda: la valentía es una decisión.
Y esa decisión empieza por ti.

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